Seguro de vida: un tema clave para parejas que no están casadas

El seguro de vida es una parte importante de la planificación financiera de todos; sin embargo, su prioridad es aún mayor en el caso de las parejas que no han contraído matrimonio, ya que, en general, no tienen la capacidad de disfrutar los mismos beneficios financieros con los que cuentan los matrimonios de sexo opuesto. El seguro de vida puede ayudar a llenar esos vacíos importantes. Por ejemplo, puede significar un ingreso para su ser amado, una vez que usted fallece, y ayudarlo a pagar los posibles impuestos de sucesión que él o ella deban tener que afrontar al momento de recibir los bienes de su patrimonio. Las personas casadas gozan del beneficio del Seguro Social del supérstite o pensiones corporativas que las ayudan a cubrir esas necesidades. Además, tienen un beneficio conocido como "deducción marital ilimitada", el cual significa que ellas pueden transferir la cantidad de dinero y los bienes que deseen a su cónyuge sin tener que pagar impuestos sucesorios o de donaciones; las parejas que no contraen matrimonio no pueden aprovechar esa deducción. La ley federal permite a todos los individuos dejar bienes en herencia, hasta un cierto monto máximo, a favor de beneficiarios designados. Toda suma que supere dicho monto (por ejemplo, el patrimonio valuado en un monto mayor al límite federal) está gravada en un porcentaje entre el 18% y el 45%. Por otra parte, algunos estados imponen sus propios impuestos sucesorios. El seguro de vida puede ser un vehículo accesible a fin de asegurar que ambos tengan dinero disponible para compensar la disminución en el patrimonio que pueda haber sufrido como consecuencia de los impuestos sucesorios.

Si usted puede contratar un seguro de vida colectivo a través de su empleador, comuníquese con el departamento de recursos humanos para conocer si puede designar a su pareja como beneficiario. Las pólizas varían según el asegurador y la empresa.

Existen tres opciones que usted puede considerar para contratar y utilizar planes de seguro de vida individual (es decir, no una póliza colectiva por trabajo) para cumplir con sus objetivos financieros a largo plazo:

  1. Comprar pólizas individuales donde el beneficiario designado sea su pareja. Con esta opción, usted adquiere su póliza de seguro de vida individual y nombra a su pareja como beneficiario. Sepa que con esta opción, la póliza pasa a formar parte de sus bienes y será incluida en su patrimonio cuando usted fallezca.
  2. Cruzar la titularidad en las pólizas. Esto implica que cada uno de ustedes compra una póliza que protege la vida del otro. Cuando uno de ustedes muere, el otro puede cobrar el dinero de la póliza e invertirlo para satisfacer sus necesidades de ingreso y pagar los gastos e impuestos relacionados con su patrimonio. Sepa que la empresa de seguros de vida puede exigirle a usted demostrar que su pareja tiene un interés económico o "asegurable" en la relación. Si ustedes tienen cuentas o bienes de los cuales ambos son los titulares, deben poder cumplir esa condición.
  3. Establecer un fideicomiso de seguro de vida irrevocable (ILIT, por sus siglas en inglés): con esta opción, usted constituye un fideicomiso legal que es supervisado y administrado por un fideicomisario designado para tal fin. Este último, luego, adquiere y se convierte en el titular de una póliza de seguro de vida, y usted deposita dinero en el fideicomiso a fin de hacer frente a las primas. Como es el fideicomiso el que legalmente "posee" la póliza, ésta no es considerada parte de su patrimonio. A pesar de ello, tenga en cuenta que la porción "irrevocable" de esta clase de fideicomiso supone que, una vez que usted contribuye al fideicomiso (es decir, deposita dinero en él para pagar la póliza del seguro), no puede, luego, hacerse de los fondos nuevamente o cambiar los términos del fideicomiso si algo sucede en su relación de pareja.